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Felicidad y pobreza

23 de Septiembre del 2023


Mateo 5:3 “Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece.”


Las desigualdades económicas en la sociedad existían probablemente desde mucho antes que habitará Jesús sobre la tierra. La humanidad siempre se ha esforzado por tener más de lo que cuenta como posesiones, siempre está mirando hacia adelante en búsqueda de conseguir mayores riquezas, mejor estatus, más poder, anhela ser mejor que otro y tener más de lo que se tiene hoy y tiende a medir su riqueza o poder en relación a otras personas en similares condiciones.


El evangelio de Marcos, relata la vida de Jesús, mostrando cómo pensaba y actuaba Cristo, leemos en estos relatos que su reino no era lo que el mundo ha buscado desde antes de Jesús y que sigue buscando hasta el día de hoy. Por otra parte, vemos a los fariseos y otros religiosos de la época quienes miraban esta nueva enseñanza con recelo porque no tenían la misma visión de Jesús y les era muy difícil comprender el reino de Dios; ellos estaban llenos de legalismos y de orgullo por quienes eran, con una vida espiritual ocupada por sus egos y por tanto no podían recibir lo que Cristo tenía para ellos.


Si bien este capítulo habla de felicidad y de pobreza no debemos mirarlo como una comparación desde lo material, por el contrario es una invitación mucho más profunda al reino espiritual que Cristo vino a mostrar, tiene relación con la dicha y la bendición de entender que este mundo es pasajero, y que realmente no es importante, y que para poder llegar a ese reino perfecto debemos preocuparnos de esa parte nuestra que no vemos que es nuestro espíritu. Tomar conciencia de nuestra pobreza espiritual no es fácil, y sin la ayuda del Espíritu Santo no lo lograríamos por nuestra cuenta.


Ser pobre no solo significa humildad sino que además ser desprendido de nuestra vida terrenal. Por una parte es comprender nuestra realidad, que tenemos una urgente necesidad de Cristo, y segundo el desapego de lo que nuestra humanidad desea, para así poder recibir lo nuevo que Cristo desea darnos, recibir felices esa invitación a ser llenos de Su espíritu y no de las cosas que hoy nos apegan a lo material y al éxito de este mundo. Para recibir debemos primero vaciar nuestros espíritus, “perder todo” lo que hasta hoy valoramos de los que poseemos, ser pobres completamente hasta no tener nada que ocupe el lugar de Cristo y permitir que Él llene ese espacio con Su Espíritu.

Amado Dios, perdónanos por llenarnos de egos y tantas veces valorar más lo que poseemos que a Tu Reino, ayúdanos a ver la necesidad que tenemos de ti y anhelar ser parte de tu historia, queremos ser renovados por tu Espíritu y aferrarnos a tus promesas, confiando plenamente que lo que nos ofreces es mucho mejor que todo lo que conocemos, Señor lo pedimos en tu nombre. Amén


Amados, amadas que la gracia del Señor nos permita seguir: “Creando Puentes” de bienaventuranzas en Cristo


Punto de reflexión


¿Qué ocupa espacio en su vida espiritual y que hoy desea sacar?

Cristo desea llenar nuestras vidas con su amor y alegría, despojémonos de lo “viejo” para permitirle a Él ocupar ese espacio.


Que el Señor te bendiga. (Paulette Díaz)



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