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La tentación de Jesús

26 de Septiembre 2023


Mateo 4.1 “Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que allí lo tentara el diablo.”


Se ha preguntado alguna vez ¿Por qué el Espíritu llevó a Jesús al desierto, para ser tentado por satanás, inmediatamente después de su bautismo y antes de su primera predicación pública?, y más aún, ¿Cómo nos afecta a nosotros los creyentes? El bautismo de Jesús significó su identificación con el pecado y su disposición para ser el Salvador, con este hecho da inicio a su ministerio, siendo aprobado por el Padre y comenzando su misión salvadora. Como consecuencia, el diablo comenzó a atacarle con el fin de impedir su misión. Al resistir la tentación mostró su autoridad como Mesías, superando a Adán (por quien entró el pecado al mundo), con la capacidad de soportar todas las tentaciones y, en consecuencia, capaz de emprender la Obra de la salvación.


El contraste entre la experiencia de Adán y Jesús es impactante: Adán, en el huerto, rodeado de toda clase de comida imaginable, fue tentado a desobedecer a Dios y cayó en la tentación del diablo, comiendo del único árbol que le había sido prohibido. Cristo, en cambio, en medio del desierto y después de ayunar cuarenta días, tuvo hambre, pero no cedió ante la tentación. Adán fue tentado de una sola manera, pero Cristo fue tentado “en todo”.

¡Adán cayó en pecado! ¡Cristo resistió hasta el final! Y cediendo a la tentación, Adán condenó la raza humana; pero Cristo, resistiendo a la tentación, salvó a todos los que confían en Él.


Las tres tentaciones a las que satanás sometió a Jesús pretendían que se independizara de Dios. El diablo le tentó para que se comportara en forma autosuficiente, que no dependiera de Dios, también a que se ganara la admiración de las personas haciendo cosas espectaculares, y finalmente, le ofreció poder sin límite. Pero el Señor Jesucristo se comportó como un hombre perfecto, no cediendo a ninguna de ellas.


Según la perspectiva de su ministerio, las tentaciones iban orientadas a establecer un modelo diferente del reino de Dios. Para empezar, le tentó a resolver las necesidades sociales y materiales del hombre en lugar de las espirituales. Luego le quiso convencer para que ganara la aceptación de las personas a base de hacer cosas espectaculares, en lugar de predicar la Palabra. Y por último, le incitó a evitar la cruz y el sacrificio.


Todas estas tentaciones son los anhelos de la humanidad: la independencia (hacer lo que queramos y como lo queramos), la fama (ser reconocidos y admirados por todos) y el poder (no solo el dinero sino sentirnos superiores a nuestros congéneres). Tentaciones a las que, hasta hoy, los cristianos y la iglesia nos vemos sometidos.


Amados, amadas que la gracia del Señor nos permita seguir: “Creando Puentes” de resistencia a las tentaciones.


Le propongo un Punto de reflexión


¿Cree que los creyentes que desean consagrarse al Señor serán objeto de los ataques de satanás?

Yo así lo pienso, pero en la Palabra encontramos la ayuda que necesitamos para resistir (por ejemplo, 1 Juan 5:18). Satanás no tiene la autoridad ni el poder para tocar al verdadero creyente.


Que el Señor le bendiga. (María Guerrero)



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