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La verdadera conversión

02 de Octubre del 2023


Lucas 11.26 “Entonces el espíritu busca a otros siete espíritus más malignos que él, y todos entran en la persona y viven allí. Y entonces esa persona queda peor que antes.”


Una de las imágenes más impresionantes de lo que podemos llamar una conversión parcial la encontramos en Lucas 11:24–26. Jesús enseña que, cuando un espíritu maligno sale de alguien, vaga buscando descanso y luego el espíritu se plantea volver a su anterior residencia. Descubre que ésta ha quedado vacía. El espíritu, por tanto, moviliza a siete de sus socios, aún más viles que él, “y todos entran en la persona y viven allí. Y entonces esa persona queda peor que antes.

Parece ser que el hombre liberado del espíritu maligno nunca encontró nada mejor con que llenar el vacío que había quedado. El Espíritu de Dios no había venido a residir en esta persona, es decir, había permanecido vacía.

De este relato, se desprenden tres lecciones importantes.


Primera lección, las conversiones “parciales” se producen con demasiada frecuencia. Una persona resulta parcialmente limpiada. Se acercó lo suficiente al evangelio para que ocurra una relativa reorientación de su vida, y un cierto abandono de lo antiguo, una presunción de santidad, una atracción hacia la justicia de Dios. Pero, en definitiva, no se ha producido la conversión que significa la “ocupación” de la persona por parte del Dios viviente, una reorientación total, asociada con un arrepentimiento genuino y una fe duradera


Segunda lección, una pequeña dosis del evangelio es peligrosa. Hace que la gente tenga un concepto favorable de sí misma, que emita un suspiro de alivio porque han sido disipados los peores males, que tenga una sensación agradable de pertenencia. Pero cuando alguien no está verdaderamente justificado y trasladado del reino de las tinieblas al reino de Dios, esta dosis de religión podría servir de inoculación contra una fe verdadera.


La tercera lección es una inferencia. Nunca es suficiente luchar contra el mal, echar fuera un demonio. El mal debe ser sustituido por el bien, el demonio por el Espíritu Santo. Debemos “vencer el mal con el bien(Romanos 12:21). Por ejemplo, es difícil vencer el resentimiento contra alguien a fuerza de la determinación de no estar resentido; se debe sustituir este resentimiento por un perdón y un amor genuino hacia esa persona. Es difícil vencer la avaricia mediante la determinación de no ser materialista; uno debe fijar los afectos del corazón en un tesoro mejor y aprender a ser generoso. Venzamos el mal con el bien.


Amados, amadas que la gracia del Señor nos permita seguir: “Creando Puentes” de orientación a los nuevos creyentes.


Te propongo un Punto de reflexión


¿Su vida está llena del Espíritu Santo?


Para vivir una vida cristiana, las tareas cotidianas como andar en paz y humildad, vivir alabando, amar a las esposas, sujetarse a los maridos, trabajar con esfuerzo, honrar a los padres y cosas semejantes, son imposibles de realizar sin la llenura del Espíritu de Dios..


Que el Señor le bendiga. (María Guerrero)



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Gran enseñanza.

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