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Cuando la tentación entra al corazón

Santiago 1:14 (VRV60)“Cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”


Al leer este versículo, viene a mi mente un joven que ama a Dios con todo su corazón y que además es respetado en su comunidad, ha superado innumerables pruebas desde su sencillo oficio de pastor de ovejas, y por fin está alcanzando lo que Dios le prometió, la vida le sonríe. Su nombre es David, rey de Israel.

Pero en su momento más alto, la tentación toca la puerta de su corazón y él la deja entrar. Llega en forma de “Adulterio” codiciando la esposa de un amigo.

La tentación puede llegar de múltiples formas a nuestra vida. El rey David tropezó, se vió envuelto en una sordida historia de adulterio, intriga y asesinato. David, el más grande rey de la historia de Israel, actuó como el peor de ellos.

En Hechos 13:22 y 1 Samuel 13:14 nos dice que David era un hombre conforme a su corazón, y aunque fué grande su pecado, su arrepentimiento fué real, él sabía que su pecado estaba en su corazón y que el único que podía limpiarlo era Dios. David nunca argumentó ni menos aún justificó su actuar; él reconocía sus actos y se humillaba pidiendo misericordia, sabía que Dios en su bondad lo perdonaría y que en su amor lo disciplinaría.

Dios amaba a David porque su arrepentimiento era genuino.

Para nosotros el escenario no es para nada distinto en cuanto a tentaciones contra las cuales hay que luchar, la sexualidad, la envidia, la ira, las groserías, lo que vemos y escuchamos en la televisión, las redes sociales en algunos más que otros pero igualmente cedemos a la tentación.

Si sientes que la tentación está rondando tu corazón y le has dado cabida al pecado, necesitas limpiarlo. Un corazón limpio es un corazón lavado, redimido y purificado por Jesucristo, pues solo su sangre nos puede purificar, su sacrificio nos hace aceptos ante el Padre.

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mi” Salmo 51:10


Que la misericordia del Señor pueda Crear Puentes, de arrepentimiento genuino.


Reflexión

Acudir a Jesucristo es tener la seguridad del perdón si nos arrepentimos sinceramente de nuestro actuar, pues solo su Gracia es la que nos dá el perdón

Jesucristo es el Camino, es la Verdad y la vida


Sean muy bendecidos. (Aaron Sanchez)




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