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El Dios de mi alegría

16 de Diciembre del 2023


Hebreos 12:2 (RV 1960): “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”

 

Un vistazo a los fieles del pasado nos puede dar ánimo para la carrera, pero el mayor estímulo viene de Jesús, el ejemplo supremo de la fe. Él es la fuente de la fe y también la meta y el premio de la carrera de la fe. También es el consumador: nos da la perseverancia para completar el curso y nos corona al final. En él vemos el ejemplo más claro de la fe: mirando hacia el premio del gozo en la esfera espiritual, perseveró aun cuando su camino incluyó una cruz. El sufrimiento físico de la cruz es más de lo que podemos imaginar, pero peor aún fue la vergüenza pública que Cristo sufrió. Pero Jesús menospreció todo esto, porque tenía su mirada fijada en la meta. Esta meta gozosa era sentarse a la diestra del trono de Dios.

El gozo que Cristo persiguió no fue solamente un logro personal: Incluyó la gloria de Dios y la santificación y perdón de su pueblo.

 

En consecuencia, la alegría o gozo del creyente es el mismo Señor. El salmista escribe Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo; y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.” (Salmo 43.4) Vemos que esta alegría o gozo está ligada a Dios mismo. El vivir en la voluntad de Dios, asi como Cristo lo hizo, nos llena de su gozo.

Tengamos en cuenta primero el significado de la palabra gozo desde la Biblia. En el escrito del Antiguo Testamento el gozo es alegría, bienestar, deleite, júbilo, regocijo, expresión acompañada de moralidad y rectitud. En el Nuevo Testamento el gozo tiene como significado la alegría, el deleite y la complacencia.

 

Jesucristo es nuestro ejemplo y modelo. El gozo del Señor en nuestro corazón nos fortalece ante las diversas dificultades. Los hijos de Dios debemos ver lo que el Señor ve.

Recordemos por ejemplo que el pueblo de Israel anduvo por el desierto e iba camino a la tierra de la abundancia, pero al mantener una visión escasa y de fracaso, se fortalecía continuamente la incredulidad en su corazón. No olvidemos que la amargura y el resentimiento es como una planta parasita que se alimenta de los nutrientes del árbol donde se hospeda, consumiendo la vida del corazón e impidiendo disfrutar el gozo o la alegría en Dios.

 

Amados, amadas que la gracia del Señor nos permita seguir: “Creando Puentes” de alegría y gozo en Cristo.

 

Le propongo un Punto de reflexión

¿En su vida hay resentimiento? ¿Su corazón esta lleno de preocupaciones y afanes?

Dios quiere llenar nuestros corazones de Su alegría y gozo, perdonemos al ofensor, aceptemos la disciplina de Dios, asumamos de la mano del Señor nuestras responsabilidades, y él nos guiará por el camino de la perfección, para poder decir “Él es el Dios de mi alegría”.

 

Que el Señor le bendiga (María Guerrero)



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