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La carrera de la antorcha

25 de Septiembre del 2023


2 de Timoteo 4:7 “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, ha guardado la fe”


El apóstol Pablo muy consciente de que su partida estaba cerca y muy pronto sería sacrificado escribe estas importantes palabras a Timoteo. Y cada uno de nosotros como seguidores del Señor Jesús tenemos estas tres grandes metas; cada día: pelear la buena batalla, acabar la carrera y guardar nuestra fe en la persona de Jesús. Y hoy me quiero concentrar en una de ellas y esta es “Acabar la carrera”.


Hubo una vez una carrera en la antigua Grecia que se llamó la carrera de la antorcha, en ella los corredores sostenían una antorcha en la mano y se la pasaban al siguiente corredor hasta que el último integrante del equipo cruzaba la línea de llegada y el premio no lo recibía el equipo que corría más rápido y llegaba primero, sino a aquel que lograba llegar a la meta con la antorcha aún encendida.

Pensaba por estos días ¿Cómo quiere el Señor que yo termine mi carrera de fe en Cristo? y sin duda de la misma manera que los competidores de la antorcha encendida, estamos llamados no solo a llegar a la meta, sino que llegar con nuestras antorchas encendidas por el fuego del Espíritu Santo que ha sido depositado por el amor de Dios en nosotros.


Pablo aconseja también en esta misma carta a Timoteo que, “Avive el fuego del don de Dios que está en él” y es nuestra responsabilidad mantener encendida esa llama mediante una comunión viva con la persona del Espíritu Santo, que nos hace cada vez más consiente del amor sublime del Padre.


Padre bueno ruego nos ayudes para que cada uno de nosotros lleguemos al final del camino que hemos emprendido con Jesús; con nuestras antorchas de fe encendidas, aunque muchas veces nos sentimos débiles y sin fuerzas para seguir.


Amados hermanos que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos permita seguir Creando Puentes de perseverancia para seguir guardando nuestra fe.


Punto de reflexión:

Cuantas veces hemos iniciado algo y no lo terminamos, porque lo abandonamos a la mitad o porque, simplemente, pensamos que no era lo que queríamos hacer. Lamentablemente el deseo de abandonar nuestras carreras, cualquiera que estas sean, son parte de la naturaleza humana, sin embargo, como hijos de Dios estamos llamados a terminar la carrera de nuestra fe, Y no importa con cuanta velocidad la corramos, lo más importante es llegar y llegar con el fuego de Dios encendido en nuestros corazones.


Que el Señor les bendiga (Mercedes Cobeña)



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